Entonces


Entonces aprendimos a sazonar las cenizas
banqueteamos desde entonces.

Camino


Decidí hacer un alto en el camino del destierro...
    El primero en pasar fue un hombre, gritaba: ¡Yo me
quedo!
    Después vino mucha gente cubierta de cascarones de
sangre seca en los ojos, las bocas o las orejas —los lleva-
ba el viento, el viento del destierro—. Alguien pasó gri-
tando: ¡Yo, enseguida vuelvo! Y se perdió lejos, en el
mismo e idéntico sueño. Después pasaron los pájaros, los
veranos o los inviernos, y de vez en cuando un año, otro
año de destierro.

Larga distancia


Cerraba los ojos para escuchar con todo el cuerpo.
Oía su voz sobre su voz, escuchaba la otra, la distante,
la rescataba de la misma oscuridad donde se hundían
sus palabras.
    Decía: ¡Estoy bien!, y se escuchaba decir que estaba
bien.

Decía: ¡No, no me hace falta nada!, y se escuchaba decir
que no le hacía falta nada.

Agradecimiento


Por haber conservado el poder.

Por el beneficio de la duda.

Por el abismo de la libertad.

Por que nos crecen alas

                                  mientras caemos.

Lugar


Hacer como hacían las brujas para conjurar las fuerzas
más oscuras...
Y volver:
al olor de la casa; al timbre de las voces.

Ser,
       desesperadamente
                                      ser.

En otro lugar que en la poesía.





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