El nombre del juego


1976, 1977, 1978, 1979, 1980... Punto y coma, zapatilla
de goma, el que no se escondió se embroma...



Los he buscado en Brasil.
En México, detrás de no sé qué piedra sagrada.
En Venezuela, en el llano, porque aficionan el llano.
En
España, cuando pierdo la esperanza.

Cada vez me alejo más, pregunto, espero; me importaría
un pito tener que contar de nuevo.

Palabras


Del árbol del deseo caen
—la realidad las recoge—

Palabras

Vuelven de otro desencuentro.

Mañana...


Mañana, nunca; sin embargo mañana, mañana iré conti-
go por esas calles de nunca.

Encuentro (Contribution à la reflexión sur
l'interterritorialité: "Pour changer de langue,
il faut déjà en avoir une".)



Después de las consabidas muestras de civismo...
    —Perdóname, dije, y me quedé callado.
    —¿Cómo te ha ido con la otra?, preguntó a rajatabla.
    —Bien, bien...
    —La vierge, la gourmande, celle qui me donne des ai-
les
!, ironizó recordándome un verso fallido.

Pensé:
    Vos sos la de las caricias, la de la espada, la que
por las noches hablo con Dios.
    Vos sos la de
los sueños, india, blanca, negra, la-
tinoamericana...


—Nunca te perdonaré, dijo, y se quedó mirándome.
Después nuestras risas estallaron como aplausos y se
fueron juntas, pellizcando a los viandantes.

Oda a la Alondra


Una Alondra canta
un canto antiguo
un canto bizarro...


Entre las hojas amarillas
de mi diccionario.





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